"El Corazón es un santuario en cuyo centro se encuentra el Ojo"

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jueves, 27 de marzo de 2014

RECUERDO CUANDO ERA ÁRBOL...

Os comparto uno de mis artículos favoritos:

Somos el Águila contemplando desde el firmamento
Somos el Cachorro jugando con una pelota
Somos el Gato ronroneando meditativo
Somos el Caballo acariciando nuestro pelo con el hocico
Somos el Cordero balando cuando tiene hambre
Somos el Ternero mamando

También somos el Cervato mirando al cazador que lo apunta
Somos el Perro gimiendo de dolor después de un atropello
Somos el Gatito asomando la cabeza por las barras metálicas en el refugio
Somos el bebé Gorila apresado por cazadores furtivos
Somos el Novillo en el matadero
Somos el Mono encerrado en una jaula

Somos la ingenuidad de los jóvenes que exploran las aventuras de la vida
Somos la sabiduría de los ancianos después de años de exploración
Somos la alegría de todas las madres
Somos el orgullo de todos los padres
Somos también el dolor de aquellos que sufren
Somos el miedo de aquellos que temen
Somos las emociones compartidas de todos nuestros Hermanos
Somos verdaderamente un Espíritu Afín con Todos los Seres Vivos
SOMOS ESPÍRITUS AFINES, de “Nuestros Amigos los Animales” – Allen M. Schoen.

Entiendo que me sobrecojo ante el Árbol talado porque he tomado conciencia de lo que Soy. Poso mis manos en la tronca testigo de una existencia centenaria y siento lo acontecido a lo largo de tantas lunas… Los nativos de Norteamérica llamaban a los Árboles Personas Derechas, porque son nuestros Maestros. Me declaro caminante y mi deseo es llegar a erguirme como ellos, sentir la unión de la Tierra y el Cielo en mi corazón humano… ser ingobernable, solo ser. Todos mis Hermanos me muestran el sendero, infinitamente más sencillo de lo que “pensamos”.

La Naturaleza tiene con nosotros un proceso de comunicación constante porque nos envuelve, somos sus criaturas, como la madre que mece a su hijo en sus brazos, hasta las palabras sobran. Pero si el hijo está dormido, no participa, e incluso llega a creerse aquello que sueña. Es justo lo que le ocurre a la humanidad. Mientras ella, como cualquier madre, expectante ante los progresos de sus hijos, pero dando amor a todos, incluso a aquellos que más se desvían del camino. Paciente aún en su dolor con esta prometedora especie pendiente de evolución. Pese a comprenderlo, sigo sin concebir porqué tan pocos escuchamos a la Madre, puesto que ella nos habla a todos.

Esa comunicación se restablece cuando uno entra en la disposición de ENTREGA. Entonces el ruido se va disipando y solo se perciben los sonidos naturales: el viento, los cantos de los Pájaros, el crujir de la hojarasca bajo nuestros pies, la música de la lluvia… Todo con el ritmo latiente, así el corazón se va sintonizando y adquiere la nota que por entero acalla la mente, solo nuestra respiración, que se hace diafragmática, y el latido interior. Y tras ellos, el SILENCIO. Tiyoweh para los indios nativos: la quietud.

Entonces el Ojo del Corazón recibe destellos, se abre dichoso de compartir, el lenguaje del alma florece, sin esfuerzo vemos la luz potente de la Fuente, a veces también formas arquetípicas que nos ayudan, que afinan nuestra melodía interna, nuestra energía vibracional. Ahí el Árbol me dice y yo le atiendo, los Hermanos Animales se acercan por doquier, porque celebran que un humano está en el estado conveniente, donde las emociones se han transcendido y la mente se ha doblegado sin cuestionar. Ahí la Presencia y la Luz de todos estos Sanadores y Maestros se reconoce como un presente y se reverencia. Ahí somos Uno.

Ya lo declaro en mi libro: “Concibo la vida gracias al canto de los Pájaros que me despiertan, al ronroneo de los Gatos cuando los acaricio, a la mirada amigable de los Perros que menean la cola cuando los saludo, a los Hámsteres tomando su comida de mi mano con sus patitas, al galope de los Caballos con el ritmo del latido de los corazones… regalos que me llegan a través de ellos desde algún lugar del Cielo y me hacen feliz en la Tierra. Concibo las estaciones gracias a las Golondrinas que anidan sobre la puerta de mi casa: su llegada es Primavera, sus nuevas crías me acompañan en Verano, su marcha es Otoño e Invierno su fría ausencia. Un Rosal me enseñó lo que significa “Hágase Tu Voluntad”. Todo es Conciencia, formas manifestadas de lo invisible en lo visible. Todo es amor para generar amor, no hay otra magia ni otra ciencia. Es tan evidente como Su Belleza.

Un Hermano Árbol me ha enseñado a sonreír a corazón abierto. Nadie antes lo había logrado. Los pétalos color rosa derramados de otro Hermano me susurraban: “solo ama…” No estamos solos sencillamente porque somos parte de un Todo. Aferrarse a las falsas creencias una vez desenmascaradas constituye un obstáculo tan salvable como el hecho de saber que son fantasmas generados por lo que no somos y que podemos retirar del camino de un soplido. Peregrino, navegante: Si creas desde el amor, solo encontrarás amor.

Relato una experiencia vital, íntima, personal e intransferible, pero bien es cierto que cuando uno la vive, se transforma, y eso se refleja en su quehacer diario, en sus elecciones ante la cotidianeidad, en la amplia perspectiva desde donde se observa, en detalles donde la luz va saliendo cada vez por más resquicios de esa armadura que se despedaza. Y el resto lo capta y con suerte se pregunta…y con suerte comienza a despertar. DESPIERTA, HERMANO.
Autora: Mª del Pilar Zamarra San Joaquín
Artículo publicado en Universo Holístico nº 65