"El Corazón es un santuario en cuyo centro se encuentra el Ojo"

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lunes, 26 de mayo de 2014

EL DOLOR, LOS ANIMALES, LAS FLORES DE BACH Y LOS CUIDADOS PALIATIVOS

“Dar de comer al hambriento, de beber al sediento, cobijo al peregrino
y alivio en el sufrimiento” 

Ya a los 18 años, en la escuela de enfermería, me impactó el tema del alivio del dolor. Y comprendí el enorme dolor que se causaba a los pacientes de manera iatrogénica. Poco tiempo después de terminar la carrera, nacieron los primeros programas de Cuidados Paliativos en España. Por experiencia en mi familia sabía lo que era morir con cáncer, con un dolor más emocional que físico, con un impacto terrible, y por tanto participé en aquellos programas, donde la máxima era procurar el mayor bienestar al paciente y se nos permitía individualizar las actuaciones, además con un enfoque global donde se consideraban la dimensión psicológica y las necesidades espirituales del paciente y de su unidad familiar.

El sabio profesor Ramón Bayés lo explica de maravilla en este vídeo, y habla del concepto de DOLOR TOTAL, acuñado por Cicely Saunders, fundadora del St. Cristhopher´s Hospice y de los modernos Cuidados Paliativos (Paliative Care). A una profesión que se dedica a cuidar de otros, la dignifica ser capaz de acompañar en los últimos momentos de la vida. Daba así mis primeros pasos como enfermera holística (aquí una de mis últimas publicaciones en esa profesión, donde aporté más de una treintena), y sin saberlo entonces, sembraba un camino que sigo atendiendo en la actualidad con los Hermanos Animales y la Terapia Floral. Recomiendo la visión que ofrece este libro pese a lo duro de su título: Morir bien, de Richard Reoch, Ediciones Oniro (Barcelona, 1998).

Porque todos sabemos de las diferentes dimensiones del dolor aunque cada uno tenga su propio umbral de tolerancia para sentirlo, que por cierto cambia durante la vida y depende de todo aquello que nos altera, desde estados de ansiedad hasta la felicidad plena. En el Diccionario de la Real Academia Española se define como dolor tanto a la sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior, como al sentimiento de pena y congoja. Somos seres completos, no se puede aislar el dolor del ser que lo padece, de sus circunstancias. Y ahí me refiero a todas las criaturas vivientes. 

Acabada esa etapa de mi vida y tras experimentar en mi persona el dolor agudo y el dolor crónico, he seguido dando la importancia que merece a este aspecto que nos acompaña en la vida y que dispone de tantos matices como seres que lo sienten. Y que sirve de alarma, indudablemente. En lo que al despertar de la conciencia se refiere, también. El dolor es un tema para tratar más profundamente por todas las implicaciones que abarca y también los Cuidados Paliativos, por cierto desde mi punto de vista apenas contemplados en veterinaria, no sé si porque se permite recurrir a la eutanasia. Sirva este artículo de introducción en su relación con el despertar, con las posibilidades que ofrece para dejar atrás aquello que nos daña y comenzar a vivir fieles al alma que nos habita.
Khalil Gibrán en El Profeta (1923), lo explica muy bien: “Tu dolor es la rotura de la cáscara que circunda tu entendimiento. Así como la pepita de la fruta debe romperse para que su corazón pueda estar al sol, así debes tú conocer el dolor… Es la porción amarga mediante la cual el médico que hay dentro de ti cura a tu ser enfermo”.

Porque las causas del dolor no son las enfermedades. Eso se creen aquellos que solo contemplan el dolor como síntoma y apenas como problema que daña la vida. Los mismos profesionales cerrados/dormidos que a veces lo califican de “idiopático” (= de etiología desconocida, para que luego digan que los misterios no existen), que es la manera técnica de decir que no tienen ni idea de por qué se tiene (ni de cómo calmarlo), y en otras ocasiones se atreven a etiquetarlo de “funcional”, es decir, psicosomático, cosa que me da lo mismo, porque si algo aprendí es que si el paciente dice/expresa que le duele, es que le duele… y sus motivos tiene.

Parto de la base de que sufrir es innecesario y el dolor solo debería tener la “utilidad” a nivel físico de servir como síntoma de alerta ante un padecimiento que necesita ser curado; por ejemplo si la apendicitis no doliera, la muerte por peritonitis sería un final inevitable. Pero hay dolores causados por actitudes, por resistencias, por auto-exigencia, que rompen nuestra naturaleza esencial y también originan otros trastornos físicos, pero en origen atacan nuestras formas primigenias del ser (arquetipos, campo energético) y nadie puede demostrarme que los Animales no los padezcan, aunque sea de un modo diferente al nuestro. Los remedios florales ayudan a sanar esto.
Las connotaciones mentales que los humanos damos al dolor se suponen diferentes a la hora de hablar de los demás Animales, yo lo dudo mucho, puesto que ellos también saben qué es el sufrimiento que generan emociones como el miedo, la pena, etc. Es decir, y esto es lo que de verdad podemos aliviar gracias a la Terapia Floral: hay un dolor que es el dolor del alma, no viene en los libros científicos, pero usted como lector seguro que sabe por experiencia propia lo que digo. Es ese dolor total, no meramente fisiológico, del que hablaba al principio. Pues en los Animales también. Con la ventaja de que ellos vivencian el presente sin cuestionar y sin pretensiones y por eso cuando sienten dolor y el veterinario los valora y trata, la Terapia Floral es también de ayuda inestimable para paliarlo y que mejoren del proceso de falta de salud que estén atravesando.
Con Animales no vinculados a los humanos, como son las colonias de Gatos libres, he tratado satisfactoriamente este aspecto cuando además era imposible su captura para administrarles otros tratamientos veterinarios. En Animales vinculados a una familia, sin embargo, el malestar del Animal puede estar siendo el punto de atención sobre un conflicto emocional no resuelto entre los humanos que conviven con él. Los Animales, como Sanadores y Maestros nos acogen y se hacen cargo de nuestro dolor. 

El otro día tuve el placer de escuchar a Laila del Monte, especialista en comunicación con los Animales, insistiendo en algo que la humanidad necesita comprender: los demás Animales tienen conciencia, no solo los Primates, los Cetáceos, los Perros y los Gatos. Sienten emociones y tienen sensaciones dentro de un rico mundo interior, de un universo maravilloso. Afirmaba cómo muchos Animales domésticos son abandonados, eutanasiados, etc, porque presentan problemas de comportamiento (lo mismo que precisamente por esto que explico a continuación yo denomino “desencuentros en la convivencia por falta de entendimiento”) sin que nadie se haya cuestionado qué hay detrás de eso. Contaba casos donde un Perro, o un Gato, comienza a hacer sus necesidades por toda la casa y ¡por fin se cuestionan sus familiares humanos qué está pasando en el hogar! Detrás de ello relataba grandes tensiones emocionales reprimidas, por ejemplo de Niños que no aceptan la separación de sus padres y se sienten abandonados o culpables, etc., etc. Cada caso es único, pero el nexo común es que si el Animal no despunta, no se pone remedio a la situación. Y los Animales llegan hasta la extenuación por el estrés que estas situaciones familiares les causan, o incluso enferman gravemente (de cardiopatías, de cáncer… como les pasa a muchos humanos).

Cuando tratas a un Animal con Terapia Floral y tras unas semanas te cuentan que no ha mejorado nada, es muy sospechoso. Siempre se puede errar al elegir la combinación de esencias, suelo hablar de que una cosa es la terapia y otra muy distinta el terapeuta, y siempre puede haber muchos otros factores, es cierto. Pero la mayoría de las veces, en primer lugar recurren a las Flores personas que ya han probado con pautas diversas, desde la veterinaria o desde la etología y han fracasado, por tanto entre tantos ojos mirando es más difícil que se escape una patología de otra índole (por ejemplo, una alteración neurológica). Y en segundo lugar, si es gente entregada a hacer lo posible por su Amigo Animal y no crean interferencias a la acción de las esencias florales, cuando pasa el tiempo y el Animal no mejora nos revela, como pasa al tratar a los Niños pequeños, que quien necesita acudir a la consulta es alguno de los humanos adultos de la casa. En el caso de los Bebés, con mi experiencia en pediatría y también como terapeuta floral para ellos, las emociones vividas por la madre durante el embarazo y no resueltas, eran una de las bases a atender. Pero no siempre se recibe bien la sugerencia de que alguien se mire hacia dentro, por muy sutil que lo hagas, por muy carente de juicio y lleno de compasión que estés hacia esa persona. Una reacción muy “humana” es la negación…

De todos modos, me centro en el alivio del dolor de los Animales como tal, provenga de la situación que sea, en el entorno que sea (Animales en un hogar, Animales en una protectora, etc.) y acompañado del padecimiento que sea. Como explico en mi libro Flores de Bach en Animales, Camino de Sanación y Conciencia en el Amor a Nuestros Amigos del Alma (en “Los efectos de la Terapia Floral en los Animales”):
En lo que se refiere al control del dolor, voy a hacer un recordatorio sobre este tema en los Animales no humanos. Por si hay quien aún no se haya enterado, la incapacidad de expresarlo verbalmente no significa que no se esté experimentando el dolor y existe evidencia científica de que los Animales pueden sentir dolor a través de su sistema nervioso. Disponemos de avances en el entendimiento del dolor, mejoras en su evaluación, disponibilidad de nuevas terapéuticas, un enfoque cada vez más importante en la responsabilidad ética de aliviar el sufrimiento en los Animales y una creciente expectativa por parte de quienes convivimos con ellos de que éstos no padezcan dolor.

Como explica el filósofo Ramón Alcoberro i Pericay: “El dolor es una de las características de la vida de todos los Animales, humanos y no humanos. Pero eso no lo convierte en moralmente bueno, ni en deseable. Disminuir el dolor y aumentar la felicidad constituye el objetivo de toda vida moral. Si los Animales (humanos o no), no sufriesen, el problema moral no existiría, pues todos tendrían una vida dichosa y feliz. El dolor humano se expresa de forma lingüística y psicológica, por la capacidad que tenemos de anticipar un hecho futuro (la proximidad de la muerte...) El dolor de los Mamíferos no humanos es indiscriminado (no puede distinguir entre si intentan matarlo o capturarlo), por lo que su terror ante una situación dolorosa puede ser incluso superior al humano. En todo caso, es absurdo suponer que los Animales no humanos no sufren por el simple hecho de que no manifiesten sufrimiento, pues muchos Animales tienen sentidos corporales más complejos que los nuestros y, además, no disponen de un lenguaje articulado para expresar el dolor. Ante el sufrimiento y el dolor los Animales no son iguales. El sufrimiento es directamente proporcional a la complejidad del sistema nervioso.”

Cuando una persona convive con un Animal, aprende a observar cambios en su comportamiento que pueden dar la alerta ante un problema de salud del mismo, pero no es fácil saber cómo siente el dolor, tanto en intensidad como respecto a las características del dolor (agudo, sordo, punzante, con sensación de quemazón, neuropático… No es lo mismo un dolor al orinar causado por una infección, que un dolor post operatorio…) Con los seres humanos, aunque existan problemas en la comunicación verbal, como puede ocurrir con los Bebés, nos servimos de escalas de valoración del dolor. Los veterinarios también las emplean con los Animales domésticos más comunes, en relación a sus respuestas y a su comportamiento en el contexto de la enfermedad que padezcan o del problema que estén evaluando. Por ejemplo, las demás especies no gesticulan facialmente como nosotros, pero si huyen al tocar una zona dolorida y también se expresan con su mirada, lenguaje corporal, etc. En los Animales salvajes es más difícil encontrar expresiones en este sentido, en cierto modo no es adaptativo mostrar debilidad ante los depredadores. Y además, la respuesta individual al dolor puede variar dependiendo de características asociadas a la edad, especie, estado de salud… y vivencias.

Ejemplos de comportamiento y/o parámetros fisiológicos indicativos de dolor en los Animales incluyen:
- Cambios en la personalidad o actitud. Por ejemplo un Animal que es típicamente dócil puede volverse agresivo o un Animal agresivo se vuelve sumiso.
- Vocalización anormal, particularmente durante el examen de un área dolorosa. Los Perros pueden quejarse o gemir y los Gatos sisear o gruñir o incluso ronronear.
- Lamer, morder, rascar, o sacudir un área dolorosa. Actividad excesiva de este tipo puede conducir a automutilación.
- Cambios en el manto. La piloerección (“pelos de punta”) puede indicar dolor.
- Cambios en la postura o en la marcha. Animales con dolor pueden adoptar posturas antiálgicas (= para evitarlo).
- Cambios en el grado de actividad. Los Animales con dolor pueden pararse (letargia) o mostrar otros signos de cansancio o pueden negarse a moverse.
- Otros cambios en el comportamiento: esconderse cuando no lo hacen normalmente, solicitar más afecto del normal, encorvarse protegiendo las zonas lesionadas para prevenir lesiones adicionales, rigidez…
- Mostrar reacciones agresivas o defensivas al contacto.
- Cambios en el apetito.
- Cambios en la expresión o aspecto facial.
- Cambios en los hábitos de limpieza. Los Animales con dolor pueden no acicalarse, etc.
- Aumento de la frecuencia cardíaca, frecuencia respiratoria y/o temperatura corporal.
- Elevación de los niveles de glucosa, cortisol y catecolaminas en sangre.

Queda claro que las dificultades que podamos encontrar a la hora de valorar si el Animal padece o no dolor y cuáles son las características del mismo, no son excusa para no tratarlo. Los veterinarios y otros profesionales relacionados con la salud de los Animales, incluyendo los Animales destinados al consumo humano, cada vez son más conscientes de la necesidad de prevenir y tratar este problema, de manera especial ante cirugías, neoplasias, traumas y en procesos de rehabilitación, que es donde quizá se opte con más frecuencia a sumar a los fármacos medidas no agresivas entre las que se encuentra la Terapia Floral. 

Tratar el dolor y evitar la iatrogenia es un paso necesario y de relevante importancia en el trato ético a las demás formas de vida. Lo mismo ocurre con el estrés, que asociado o no al dolor, también se puede y debe prevenir y tratar precozmente, puesto que si bien hay diversas causas que lo generan, éstas se suelen identificar con facilidad, al igual que nos pasa a nosotros, tanto por desencadenantes positivos (nacimiento de su camada) como negativos (pérdida de un ser querido), tanto estrés agudo (por un accidente reciente) como crónico (por miedo a la soledad), etc. 

Si bien lo ideal es individualizar la selección de esencias a administrar al Animal, es decir, preparar una fórmula floral que pongamos en su agua de beber, yo insisto encarecidamente en que ya por fin se vayan conociendo las virtudes del Rescue Remedy, un puntal básico en el alivio del dolor de toda criatura viviente, Animal o Vegetal, y sobre todo, en el alivio del sufrimiento. Muy en especial cuando los veterinarios nos dicen que no hay nada más que se pueda hacer por ellos o se opta por la eutanasia, las Flores siempre están ahí.

Y tras la despedida, las Flores de Bach siguen ayudando:

 
© Mª Pilar Zamarra San Joaquín