"El Corazón es un santuario en cuyo centro se encuentra el Ojo"

"El Corazón es un santuario en cuyo centro se encuentra el Ojo"

Translate

domingo, 27 de julio de 2014

EL AMOR A LA VIDA

“Nosotros somos una parte de la Tierra, y ella es una parte de nosotros. Las olorosas Flores son nuestras Hermanas, el Ciervo, el Caballo, la Gran Águila, son nuestros Hermanos. Las Rocosas Alturas, las Suaves Praderas, el cuerpo ardoroso del Potro y del hombre, todos pertenecen a la misma familia.” Gran Jefe Seattle, Jefe de los Duwamish 

Edward O. Wilson es uno de los naturalistas contemporáneos más destacados y no solo por sus aportaciones científicas y como impulsor de la Sociobiología, sino por haber recordado dentro del pensamiento occidental aquello que permanece en el corazón de la humanidad y que los pueblos nativos conocían muy bien. Biofilia se define como la tendencia innata a concentrarse en la vida y en las formas de aspecto vivo, y en algunos casos de unirse emocionalmente a ellas. Es el amor a la vida que se manifiesta desde la infancia como esa atracción natural del Niño hacia las demás criaturas, es una necesidad para que el adulto se ubique en el mundo, se vuelva a sentir parte de toda la Creación. Como relata Ralph Waldo Emerson en su libro Naturaleza: “El amante de la Naturaleza es aquel cuyos sentidos interiores y exteriores todavía están verdaderamente ajustados entre sí; aquel que en su madurez ha conservado el espíritu de la infancia.”
Además, encontramos pruebas de un efecto positivo del mundo natural y de otros organismos sobre la salud. Las implicaciones de la Biofilia para la medicina preventiva son sustanciales y se demuestran desde los programas de terapias asistidas con Animales. Necesitamos la Naturaleza, y en particular sus reductos salvajes. Ofrece las oportunidades con las que se diseñó nuestro espíritu para gozar. 

Yo Soy Otro Tú, Tú Eres Otro Yo 
Los mayas utilizaban este saludo: “in lak’ech” (yo soy otro tú), al que contestaban “hala ken” (tú eres otro yo), que quería decir que todos somos Uno, porque en lo más profundo, todos somos almas latiendo pertenecientes a la fuente de la vida, independientemente de nuestra apariencia. La civilización primero durmió al hombre, le hizo funcionar desde el manipulable plano mental para que desatendiera la eterna y verdadera llamada de su corazón. La esperanza consiste en emplear esa capacidad de conocimiento para unirla a los valores humanos puestos en práctica, plasmados en hechos cotidianos por el bien común. Los Animales nos lo recuerdan constantemente, comportándose ante nuestros ojos con autenticidad: son pacíficos, solidarios, bellos, sorprendentes… Tenemos el potencial de ser los Animales más creativos gracias a nuestra capacidad de adaptación y compasivos para velar conscientemente por la vida que nos rodea.
Edward Wilson es además entomólogo, la vida de los Insectos es su pasión y ha sabido transmitir al no iniciado en el lenguaje científico, a través de su excelente labor de divulgación, esa relevancia que todos los seres vivos tienen en el puzle de la vida. Este autor afirma que “una ética de la conservación es la que aspira a transmitir a las generaciones futuras la mejor parte del mundo no humano. Cada especie es una obra maestra. Conocer este mundo bien, es amarlo y hacerse responsable del mismo. El organismo que hay a nuestros pies y que despreciamos como un “bicho” o una “mala hierba” es una creación en y de él mismo. Posee un nombre, una historia de millones de años y un lugar en el mundo. Su genoma lo adapta a un nicho especial de un ecosistema. El valor ético del examen minucioso de su biología, verifica que los seres vivos que nos rodean son demasiado antiguos, demasiado complejos y potencialmente demasiado útiles como para descartarlos de manera negligente.” Nos damos cuenta de cómo la actividad humana es capaz de modificar no solo el entorno, sino la vida de millones de Animales y Plantas sin atender a las consecuencias que esto pueda tener. Cuando una especie se extingue, ese hecho afecta al ecosistema al que pertenecía y puede llegar a derrumbarlo. 

Soy Parte de GAIA 
Continúa diciendo que “los biólogos señalan otro valor poderoso desde el punto de vista ético: la unidad genética de la vida. Otro valor es la gestión responsable, que parece surgir de emociones programadas en los genes mismos del comportamiento social humano. Puesto que todos los organismos descienden de un antepasado común, es correcto decir que la Biosfera en su conjunto empezó a pensar cuando nació la humanidad. Si el resto de la vida es el cuerpo, nosotros somos la mente. Así, nuestro lugar en la Naturaleza, considerado desde una perspectiva ética, es pensar sobre la creación y proteger el planeta vivo.”
Esto es algo que en occidente se contempla desde el pensamiento de Platón. Cuando nos referimos a lo holístico (del griego holos, el Todo), nos referimos a ese conjunto interactivo. La teoría holística nace en 1926 con J. C. Smuts, inspirado en Darwin, Bergson, Einstein y Theilard de Chardin, visionario que adelantó el concepto de Noosfera, el espacio de conocimiento de la vida inteligente, esa envoltura del pensamiento que se enriquece gradualmente con el progreso humano en armonía con la Naturaleza, con la mejora espiritual y comunicativa. Cada uno de nosotros somos partes activas de esa unidad de la consciencia y estamos llamados a conectarnos, a comunicarnos, a ser Uno con el Alma de la Madre Tierra, en el camino de la evolución, esto es, de la vida y del amor. Nos encontramos con una nueva visión del Ser humano, de la vida en la Tierra y de GAIA, ese planeta inteligente con vida y autorregulación propia que postuló James Lovelock. 

El Viaje de Retorno 
Todos estamos conectados y más lo sentiríamos si cada uno hubiera completado su viaje, personal e intransferible, de regreso a la inocencia, al hogar del Corazón. Está descrito en la mitología y es válido para todos, un llamamiento universal a la vida. A Ulises solo le reconoció su Perro a su regreso a Ítaca. Había vencido tras una larga travesía, había encontrado la luz al final del túnel, era distinto al hombre que se fue, ahora si era él mismo, por eso solo su Perro se dio cuenta: la lealtad a sí mismo, representada por este Animal del Alma, triunfó. 
Seamos fieles al alma que nos habita. Pongamos atención en cada acto diario dándonos cuenta de cómo afecta a nuestro corazón y a la vida que nos rodea. Con la mente al servicio del espíritu, dejémonos guiar por la fuerza de la intuición.
Tan solo el ciclo del agua ya resulta milagroso y fascinante. Edward Wilson anima a conocer como impulso para amar y conservar la naturaleza, los ecosistemas, los Animales y las Plantas, sintiendo admiración desde el individuo al conjunto y viceversa, para comprender también las implicaciones sociales y nuestro papel en el Universo. Y ese es también el objetivo de la labor de autoconocimiento, del viaje de retorno: amarse a sí mismo. A ello. Recuerda: Amarás al prójimo como a ti mismo.

Autora: Mª Pilar Zamarra San Joaquín
Artículo publicado en la revista Pelo Pico Pata, número 88, febrero 2013, Ediciones Grupo V