"El Corazón es un santuario en cuyo centro se encuentra el Ojo"

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jueves, 2 de octubre de 2014

LA RUEDA DE LA MEDICINA, II PARTE: DE LA SEMILLA AL ÁRBOL EN EL CAMINO DEL CORAZÓN

La ciencia proporciona descubrimientos que sumados a la ética ayudan a dejar en ridículo al especismo, hasta que llegue a extinguirse. La etología nos muestra la inteligencia y las emociones de Animales de todo tipo y la botánica también contribuye explicando la inteligencia y los sentimientos de las Plantas, su capacidad de comunicarse y de interactuar con los Animales (que son sus depredadores, polinizadores, etc.), su plasticidad y cómo sobreviven de un modo admirable en hábitats extremos, su capacidad de movimiento in situ y de desplazar sus semillas, o cómo su evolución es tan pareja a la nuestra que nos deja boquiabiertos. A mí por lo menos, en especial si a todo eso le sumamos que yo considero a los Vegetales mis Hermanos, como al resto de los Animales, almas iguales a la mía, espíritus afines, con un elevado potencial vital y que además nos regalan sus lecciones para que nos convirtamos en una verdadera humanidad. Ellos pueden vivir sin nosotros, de hecho el ser humano llegó el último, pero nosotros no podemos vivir sin ellos, en todos los sentidos… incluyendo los mitos que tanto me cuesta resumir.

De la Semilla a la Flor y regeneración del Ciclo
Nuestros Hermanos Vegetales son otra manifestación del Gran Espíritu que nos recuerda nuestra verdadera naturaleza. En origen todos somos cosmos en reposo, pero una vez que el alma toma tierra, se forma la manifestación de la energía vital en este mundo, donde todo está conectado. Al igual que ellos, nuestra existencia parte de una semilla, que desarrolla su potencial según una serie de circunstancias vitales. En el mejor de los casos, alcanzamos un grado de plenitud que en las Plantas se representa con la máxima creatividad de la floración y es el preámbulo de otro gran ofrecimiento, los frutos; a través de ellos contribuimos al ciclo de la vida generando nuevas semillas, y no me refiero a los hijos o a la capacidad de reproducir vida, sino a semillas de conciencia que sembramos con nuestros actos al concretar el poder del pensamiento. Las Flores contienen la magia del Universo, reuniendo la dualidad masculina y femenina, permitiendo proseguir el ciclo vital. La pureza clara del néctar de las Flores se equipara con la consciencia iluminada. Al inhalar el aroma de una Flor que está viva en la tierra, lo que se siente en ese instante, es pura conexión con la Unidad, es esencia espiritual. Recordemos que de ellas se preparan las terapéuticas esencias florales, porque en la Flor se concentra la Virtud del Vegetal, el don sanador de la Planta.

“¿Cómo te cantaré y te adoraré, Sol?, le dijo la Florecilla. Contestó el Sol: Con el silencio humilde de tu pureza.” Rabindranath Tagore.

Vegetales y Humanos
Como explico en mi libro, para Carl G. Jung (Psicología Analítica), que en sus estudios alquimistas denomina a las plantas Criaturas de Luz, la Flor es el símbolo del Yo espiritual. Según Rudolf Steiner (Antroposofía), el mundo vegetal tiene una relación especial y directa con el plano anímico humano. En nuestro inconsciente colectivo, el simbolismo de las Plantas, como el de los Animales, nos ofrece una visión metafísica. La información arquetípica que nos ofrece el Reino Vegetal es inmensa. Y desde la mayor humildad que he conocido. Se refleja en su comportamiento, en todo lo que nos muestran a través de sus bellas formas, colores, estructuras, geometría, número de pétalos, olores, etc. También contiene un lenguaje simbólico que las culturas les han otorgado para recordar al ser humano lo que Es. Quizá los ejemplos más universales sean la Rosa en relación con el amor y la Flor de Loto, símbolo del desarrollo espiritual, de lo sagrado y puro en multitud de civilizaciones. Es notable la equiparación de estos Hermanos con nosotros, ya que en las Plantas existe una clara polaridad: una parte crece hacia abajo y otra hacia arriba, una busca la oscuridad y otra la luz, pero sin unas raíces fuertes, profundas y bien ancladas en la tierra, la Planta no se sostendría y no podría crecer hacia el cielo. Así, las raíces se refieren a nuestro inconsciente, individual y colectivo y a la herencia del pasado. Los troncos y tallos son el eje central del ser engendrado en lo físico, relacionado con la personalidad y cómo nos expresamos hacia los demás a través de las hojas, verdes como el color del chacra corazón, que aporta el equilibrio emocional. Las Flores se refieren a la expansión, apertura y disponibilidad a compartir. Incluso las algas, que viven en los océanos de vida y son base nutriente para la biodiversidad; o los hongos, que nos hablan de las relaciones en los ecosistemas (saprofitos, parásitos, simbiontes, comestibles, venenosos…), de la convivencia con lo externo y su repercusión en nuestro devenir interior.

El Cherokee dice: “Quizás tengas la sabiduría de la Serpiente, llegarás a saberlo todo; quizá te crezcan alas, podrás verlo todo desde arriba como un Águila; pero de vez en cuando para descansar tienes que acostarte entre las Flores.”

El Árbol y la Vida
El Árbol es símbolo universal por excelencia. Constituye una poderosa imagen de integración cósmica que aparece en numerosos mitos de la creación y en varias religiones: el Árbol de la Vida de la Cábala, el Árbol de la Ciencia del bien y del mal del génesis bíblico, el símbolo del Árbol de la Vida en la Geometría Sagrada… El Árbol Cósmico, plantado en el Centro del Mundo, está ampliamente desarrollado en la mitología y en los postes totémicos de muchos pueblos nativos americanos (con sus siete o nueve ramas, equivalentes a los siete o nueve cielos, para ascender por ellas; estos postes podían superar los 30 metros de altura). En diversas tradiciones se explica el origen del mundo en relación con los Árboles; por ejemplo, en el cuento iroqués del principio, desde un Manzano gigante que crecía en el cielo, en el mundo de los Espíritus Felices. En la religión cristiana se sustituye al Árbol Cósmico por la Cruz: al igual que en las mitologías, subir por el Árbol Cósmico representa la elevación del alma humana y su unión con Dios, la trascendencia, del mismo modo Cristo ascendió por la Cruz.

Los Árboles y Arbustos descienden de los cabellos del gigante Ymir, al que mató el dios Odín. Su sangre formó mares, ríos, charcos y lagos; sus huesos, las montañas y las rocas, y sus sesos, las nubes; el suelo y la tierra nacieron de su carne. Cuenta la leyenda que Odín creó la primera mujer soplando sobre un tronco de un Olmo y el primer hombre soplando sobre el tronco de un Fresno, les dio así alma y vida. Los hermanos de Odín, Henir y Lodur, ofrecieron a los hombres la facultad de comprender y de sentir. Así, la vida de los hombres surge de los Árboles, estamos conectados. Cada parte humana encuentra un papel análogo en el cuerpo de la madre Gaia. El pelo y los Árboles actúan como antenas o conductores de la electricidad y la energía, poniendo en comunicación al hombre y a la Tierra con el Cosmos; sabemos que abrazarlos es una poderosa terapia. El Árbol transforma la relación de fuerzas del lugar donde vive, de tal forma que puede convertirlo en un santuario por el influjo que ejerce conforme va creciendo. También se plantan con motivo de nacimientos humanos y en ceremonias fúnebres y cementerios, relacionados con la vida y la muerte. Incluso Darwin compara los seres vivos con un gran Árbol de la Vida donde unas ramas retoñan y otras caen: generación tras generación, hay especies que prosperan y otras en peligro de extinción. Y en una misma familia, hablamos del Árbol genealógico para explicar sus líneas de descendencia.

“¡Árboles! / ¿Habéis sido flechas caídas del azul? / ¿Qué terribles guerreros os lanzaron? / ¿Han sido las Estrellas? / Vuestras músicas vienen del alma de los Pájaros, / de los ojos de Dios, / de la pasión perfecta. / ¡Árboles! / ¿Conocerán vuestras raíces toscas mi corazón en Tierra?” Federico García Lorca.

Las Siete Direcciones
Y sobre todo, la enseñanza de que en las Plantas se produce la integración cósmica de las fuerzas vitales, la conexión de todos los elementos: las semillas germinan en la Tierra que las nutre desde las raíces, el Agua hace posible ese proceso por la savia, mediante la luz del Sol, el elemento Fuego, realizan la fotosíntesis, y así los tallos y las ramas que se elevan al Cielo respiran en el Aire. También observamos el ritmo de las estaciones a través del mundo vegetal y las fiestas paganas han estado siempre relacionadas con ellos para honrar y compartir esos momentos con la Madre Naturaleza. En invierno, las Plantas entran en parada vegetativa, las de hoja caduca están desnudas y como la introspección que esta estación nos recomienda con sus pocas horas de luz, nos invitan a la elaboración interna, a conocernos desde la raíz. Con el resurgir exuberante y colorido de la primavera, la expansión sensorial y la alegría de la abundancia y la fertilidad, a nosotros esta estación nos impulsa también a ser más extrovertidos y a hacer una labor de limpieza y cambio. El verano, donde la mayoría de los frutos están listos para su recolección, nosotros seguimos dándonos hacia fuera bajo el calor del sol y descansando hasta que la cosecha personal esté a punto. Cuando llega el otoño, bajo colores cálidos que nos recogen de nuevo al hogar, todas las criaturas hacen su preparación para completar el ciclo, que se reiniciará eternamente.

Las culturas de todos los continentes recrean en el Árbol Cósmico las Siete Direcciones: Norte, Sur, Este, Oeste, Arriba (las ramas y hojas hacia el Cielo), Abajo (las raíces hacia la Tierra) y Centro (el tronco). Es también espacio de comunicación entre el Mundo Medio, el Mundo Superior y el Mundo Inferior. Arriba está el Padre Cielo, que nos enseña a crecer, a expandirnos, a encontrar el sentido y la luz de la verdad. Con su amor nos dirige hacia él, respetando y siguiendo nuestra propia senda. Abajo es el reino de la Madre Tierra, hogar de nuestros ancestros y de nuestro poder instintivo. Con su amor nos muestra los caminos hacia nuestras fuentes más profundas y nos ayuda a acceder a todos los talentos que poseemos. El Centro es el lugar interno de la quietud (Tiyoweh). También se asocia al quinto y más sutil elemento, el éter, que informa e interrelaciona a los otros cuatro. Es la totalidad, el lugar de la espiritualidad, la Unidad.

El Árbol de la Vida, como el Árbol Tótem del pueblo, representa el Centro Sagrado: “Todo está situado en el centro del Universo. Tú eres el centro, el punto de mira, de convergencia de la tierra que fluye en ti, tanto física como espiritualmente: el aire, el agua, los seres vivos que te nutren, que se funden en tu existencia. Todo se define en relación a ti… Cada pino particular tiene su propia disposición única y sagrada de agujas, ramas, corteza. El sol, el agua, el suelo y el viento crean la forma de todos los pinos. Pero la forma de cada pino no se define ni por su similitud ni por su diferencia respecto a otros pinos, no es una cosa, sino un proceso, como nosotros”. Jefe Gaile High Pine. Entre los Iroqueses, pueblo con gran espíritu conciliador, el Árbol de la Paz es un gran Pino Blanco, con un Águila posada en su cúspide, guardián de la confederación Iroquesa, y bajo sus raíces el Hacedor de la Paz enterró las armas de guerra. Todas las tribus consideraban que “enterrar el hacha”, era una manera de hacer la paz. Por estas raíces, los pueblos del mundo pueden trazar sus orígenes y pedir amparo bajo la Ley de la Paz.

Principales Animales Mitológicos según los Elementos
TERRA: DRAGÓN: INICIACIÓN / VIDA
Figura simbólica universal que se encuentra en la mayoría de pueblos del mundo desde las culturas más primitivas y de oriente a occidente y en todas partes existen dioses y héroes que combatieron con los Dragones para alcanzar el orden a partir del caos. Es metáfora del mal y a la vez criatura benévola que encarna el poder de las divinidades celestiales y símbolo de vida y de la generosidad de la Madre Tierra. Hay Dragones aéreos, subterráneos y acuáticos. Es el señor primigenio y guardián de la tierra, la materia prima, relacionado con su energía tectónica y también se asocia con el agua porque asegura la fertilidad que deparan las lluvias y por las corrientes telúricas o líneas del Dragón, y con el trueno y el rayo, el fuego que escupe. Desempeña un importante papel de intermediario en las potencias cósmicas, entre las fuerzas distribuidas según los tres estadios esenciales del simbolismo del nivel alto = espíritu; medio = vida y manifestación; bajo = fuerzas inferiores. Su nombre deriva de Drakonales, que en griego significa gran Serpiente (está muy relacionado con ella) y a su vez del verbo Drakos que significa ver con agudeza o vigilar. En la edad media, se describió como animal con busto y patas de Águila (cualidad celeste), cuerpo de enorme Serpiente (cualidad secreta y subterránea), alas de Murciélago (posibilidad intelectual de elevación) y cola terminada en dardo y vuelta sobre sí misma en forma de signo zodiacal de Leo (sumiso a la razón); simbolizando así la fusión y confusión de todos los elementos y posibilidades. Solo los druidas celtas desarrollaron y dominaron la magia Wyrd, la magia de los Dragones, considerada la más potente y poderosa. En las Islas Canarias, se cuenta la leyenda de que los Dragones al morir iban al mitológico Jardín de las Hespérides y se transformaban en un árbol totémico entre los guanches, el Drago milenario (del griego drakaina, hembra del Dragón).
Enemigo primordial, el combate con él constituye la prueba de iniciación por excelencia que representa la lucha del Yo contra las tendencias e instintos regresivos, la renuncia a uno mismo para liberar el alma. Es símbolo del ego exaltado como potencia separadora y disociadora, la sombra, que debe ser vencido a través de las virtudes; un monstruo que siente un odio furibundo contra la Sophia o Sabiduría Divina y que procura por todos los medios destruir la correspondencia y comunidad del alma con la mensajera celestial. No es posible el reencuentro con la “amada divina”, la doncella, sin haber vencido antes al Dragón que, desde dentro de nosotros mismos, se opone a ello con todas sus fuerzas. Por eso en las leyendas son guardianes vigilantes del alma que nunca duermen y protegen templos, santuarios y secretos. Aporta fuerza espiritual, perseverancia, capacidad de concentración.

AER: PEGASO: ASCENSIÓN
Según la Mitología Clásica, es el caballo lunar encargado de fabricar la lluvia, hijo de Poseidón/Neptuno tras sus amores con Medusa Gorgona. Generalmente se le representa de color blanco como la Luna y con alas doradas. Su nombre significa "de las fuentes de agua", porque al golpear con sus cascos con forma de media luna una zona del monte Helicón, hizo surgir la fuente Hipocrene, consagrada a las Musas y fuente de la inspiración poética. Encarna la creatividad intelectual en general y la elevación a través de los valores estéticos, es la sublimación del subconsciente humano, la espiritualización a la que conduce la participación con lo divino. La cábala hermética conoce el lenguaje del Caballo, la verdadera lengua, refiriéndose a Pegaso, que concedía a los escogidos la posibilidad de acudir a las regiones desconocidas, verlo y comprenderlo todo a través del espacio, el tiempo, el éter y la luz, sirviéndoles de guía y portador.
Simboliza el viento y la velocidad, porque une galope y vuelo y representa el deseo de volar de la humanidad, volar como elevarse, la trascendencia del crecimiento, el poder ascensional de las fuerzas naturales, la capacidad innata de espiritualización de una fuerza inferior y la inversión del mal en bien. Es una gran ayuda para la evolución espiritual.

IGNIS: AVE FÉNIX: RESURRECCIÓN
El mito del Ave Fénix es originario de Medio Oriente y Norte de África, tiene sus representaciones en diferentes culturas de todos los continentes y está relacionado con los descomunales Pájaros de Trueno o Thunderbirds de las leyendas de los indios de Norteamérica. En Egipto se representaba con la corona Atef o disco solar. Los griegos la llamaban Phoenicoperus y contaban que cuando le llegaba la hora de su fin, cada quinientos años, construía un nido de sándalo y otras maderas y hierbas aromáticas en lo alto de una montaña, ponía un único huevo (huevo cósmico) que empollaba durante tres días. Entonces, posado sobre el nido abriendo sus esplendorosas alas, los rayos del sol hacían arder ave y nido, mientras el Fénix cantaba su más bella canción y todo quedaba convertido en perfumadas cenizas. A continuación resurgía del huevo el mismo Ave Fénix, siempre única y eterna, brillante como la Luz y alimentado por ella. Durante sus años de vida, el nuevo Fénix cuida el mundo y a sus criaturas. La inmortalidad fue el premio a su fidelidad al precepto divino, junto a otras cualidades como el conocimiento, la capacidad curativa de sus lágrimas o su increíble fuerza. A lo largo de sus múltiples vidas, su misión es transmitir el saber que atesora desde su origen al pie del Árbol de la Ciencia del bien y del mal, y servir de inspiración en sus trabajos a los buscadores del conocimiento, tanto artistas como científicos.
Su principal papel es renacer y crearse a si mismo. Es símbolo del renacimiento físico y espiritual, de la inmortalidad y la continuidad de la vida más allá de la muerte, del poder purificador del fuego. También se refiere a la esperanza que nunca debe morir en el hombre.

ACQUA: UNICORNIO: CONEXIÓN ESPIRITUAL
También llamado Liocornio. Se le ha descrito de muchas maneras, e incluso le han agregado alas como Pegaso, los que llevan el nombre de Alicornios. El cuerno único sobre la mente representa el "polo superior", los cuatro puntos de la Rueda de la Medicina y el cenit es el cinco: En la arquitectura egipcia es el obelisco, que expresa el dominio sobre las cuatro partes del mundo y el cenit. En la forma rechoncha es la pirámide, que expresa el dominio de la Diosa Triple (triángulo de mármol blanco). Símbolo lunar, atributo del signo zodiacal de Virgo, vinculado a Artemisa/Diana por la castidad, el cristianismo adoptó esta tradición y convirtió al Unicornio en símbolo de la Inmaculada Concepción, con el cuerno purificador como una especie de penetración espiritual. Infatigable ante los cazadores, solo cae rendido ante una joven virgen. Se atribuían a su cuerno propiedades mágicas y medicinales para neutralizar todo tipo de venenos. El origen de esta criatura mítica proviene de la mitología griega, la cabra Amalthea que amamantó a Zeus y su Cuerno de la Abundancia. En China pasó a llamarse Ch’i-lin, que engendró en una piadosa mujer a su hijo, Kung Fu Tse, más conocido como Confucio. Posee la magia más intensa, aliado de los mejores magos y amigo de los habitantes de la Tierra de las Hadas.
Las leyendas lo presentan como el más noble de los Animales. Es la esencia del agua y representa los principios básicos de la pureza, virginidad, castidad, nobleza, soberanía, generosidad, justicia y libertad.

Autora: Mª del Pilar Zamarra San Joaquín
Artículo publicado en Universo Holístico nº 38, mayo 2011